Capítulo II - Massacre Había una vez una canción

La potencia y calidad de algunos y algunas letristas le dieron a nuestro colaborador rienda suelta para elucubrar historias a partir de ciertas canciones…

Por Efraín Bucler


Fuera de la sala esperaban los quince periodistas acreditados, con la desprolija comodidad que el fuera de cámaras les permitía. Cuando salió el gobernador, un racimo de micrófonos lo azotó. Balbuceó unas palabras, algo parecido a unas disculpas y dos hombres de seguridad se encargaron de hacerlo desaparecer por el pasillo del primer piso de la casa de gobierno.

A los segundos una asistente asomó a la puerta y con una sonrisa inusual, sin mirar a nadie en particular les avisó que ya podían pasar a la sala donde el gobernador interino iba a dar la conferencia de prensa. “Ya saben dónde ubicarse. Cuatro preguntas, ustedes elijan quienes van a ser. No hagan enojar al interino. Gracias”. Volvió a sonreír y desapareció sin más.

-Por decisión del Comité Ejecutivo del Gobierno Nacional me estaré haciendo cargo de la gobernación. El estimado gobernador descansará unas semanas y cuando esto pase volverá a conducir la provincia como solo él sabe hacerlo. Repito: lo mío es solo una cuestión de días; hasta que logremos controlar esta situación que parece desbordarse pero que también pasará.

El hombre un poco más serio que de costumbre, miró firme a la cámara del canal oficial para repetir:

-Queridos vecinos, esto también pasará.

La conferencia se transmitió en vivo por todos los canales de aire, cable, y algunas plataformas de streaming. Los habitantes de la provincia y parte del país y el mundo se enteraron. Algunos medios afines titulaban la noticia con optimismo. Los opositores hablaban de golpe institucional.

-¿Y la gente sola en su casa qué espera, que venga el ministro vestido de héroe a sacar la epidemia de su casa a los balazos? -se mofaba un analista más que crítico con el gobierno.

Por el contrario, el oficialismo mediático prefirió el tono optimista.

-Una decisión que tomó el Comité Ejecutivo no puede ni debe ser en detrimento de la gente. Hay que darle tiempo. El ministro, perdón el gobernador interino, sabe muy bien lo que hace. No es un improvisado. Quienes lo atacan son funcionales al virus… a la epidemia.

Ya de regreso a su departamento de la calle Rivadavia el ahora gobernador interino tomó el teléfono y continuó otra interminable negociación.

-Sabés que de la escuela de la nena me ocupo, de las vacaciones, del club y de la escuela de arte… qué más querés, Nerina?

Haber levantado el tono de nada le sirvió. Del otro lado, una voz tranquila soltó un remate cortante:

-Mis abogados te van a decir qué más me pertenece. Porque se trata de lo que me gané por aguantar en silencio estos doce años, ‘señor gobernador’.

Su futura segunda exesposa le cortó la comunicación antes que él. Con rostro de hastío dejó a un lado el móvil y tomó la tablet para repasar la conferencia de prensa. Estaba admirado por su porte, su pelo recién teñido, la camisa celeste un poco arrugada y la corbata azul apenas desanudada. Todo daba impresión de un hombre en movimiento, activo,  trabajando. Adelantó un poco el video para seguir alimentando el ego:

“Este hombre que se muestra en la pantalla detrás de mío es Andrés Walls. Como ya lo indicamos, se trata del líder que trajo a nuestra provincia el virus letal. Recuerden bien este rostro. Puede camuflarse en sus vestimentas estrafalarias pero sus ojos celestes delineados en negro y la barba colorada cortada tipo candado son sus características estéticas invariables. Ya hemos establecido un listado con cien de sus hombres que están o estarán detenidos en breve. No quisiera estar en los pies de esos delincuentes terroristas. Y hemos prohibido el uso de señalética y simbología de ojos y barba candado que lamentablemente los jóvenes han adoptado equivocados en sus fines”.

Dejó a un lado el aparato y bajó el vidrio de la ventanilla para observar la llovizna que caía en diagonal sobre la avenida. Le preguntó al chofer si su nombre era Jorge. El conductor asistió con la cabeza sin que se muevan su gorra y gafas oscuras.

-¿Se queda en la casa o ya termina su turno?

-Mi turno recién empieza, señor. Me quedo toda la noche.

-No va a ser falta. Si quiere se puede ir luego de dejarme.

-Gracias, señor, pero los protocolos dicen que me tengo que quedar hasta las seis de mañana.



Sentado en el sofá, terminó la conversación con el director del comité ejecutivo del gobierno nacional. Estaba todo muy claro, consignas puntuales y objetivos concretos. Ese lenguaje le gustaba. Ese tono castrense, esas formalidades que denotan distancia, sobre todo con subalternos.

Esta vez cortó, un poco decepcionado por el ninguneo de su jefe político, y decidió sentarse en el sofá a ver otra vez su performance ante las cámaras y seguir cuáles eran las opiniones de la gente en las redes sociales.

-¿Danilo, me puede decir por que todavía no está la cena?

El asistente llegó con una bandeja que contenía un vaso de jugo de naranja y un tostado de jamón y queso cortado en dos.

-A ver si nos entendemos: ¿Quién carajo te pidió un jugo y tostado? Te pedí la cena, Danilo, no esta porquería.

-No son para usted.

-¿Qué te pasa Danilo, querés que te cague a trompadas antes o después de echarte?

-Es que se terminó su mandato, gobernador. 

El asistente se arremangó la camisa y dejó ver el tatuaje en su antebrazo: el contorno de unos ojos sobre una barba candado.

Al primer movimiento del funcionario, Danilo le dio una trompada justo en la mandíbula que lo desparramó sobre el sofá. Un hilo de sangre empezaba a correr desde el labio inferior.

Luego se oyeron unos pasos. Eran tres personas que bajaron desde una de las habitaciones por la escalera. Una voz amplificada y metálica ordenaba:

-Traben las puertas. Apaguen el sistema de cámaras. Y traigan las armas, revólver, fusil, escopeta, todo lo que tiene este botón en la casa. Danilo, anda con Jorge y ayuden a Sabrina a armar el equipo de filmación.

El gobernador interino no salía del asombro que ya estaba recibiendo otro golpe, esta vez en la nuca. Con lo que le quedaba de entendimiento llegó a hilar unas palabras a sus atacantes.

-Pero… pero… ¿qué hacen? ¿No piensan salir vivos de acá?.

Mientras montaban una cámara y un reflector frente al gobernador, se acercó un hombre un poco rengo, parecía con sobrepeso y en uno de sus brazos, como si fuera una mascota, sostenía un megáfono. Sacó su capucha y el rostro quedó frente al del gobernador interino.

-Vos sos la basura de Andrés Walls?

-Ajá… soy la epidemia, mi amor.



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