Editorial #8 Hablemos del suicidio

El pasado 10 de septiembre se conmemoró el Dia Mundial de la Prevención del Suicidio, establecido por La Organización Mundial de la Salud (OMS) desde el año 2003 “con el objetivo de promover e implementar acciones para su prevención y terminar con el estigma que sufren las personas con trastornos mentales o comportamiento suicida”.

El objeto de esta jornada es demostrar que estos actos se pueden prevenir; sin embargo la propia OMS señala que son casi un millón de personas las que mueren cada año por suicidio, convirtiéndose así en la segunda causa de fallecimiento en personas de 15 a 29 años de edad. Además, hay muchas más tentativas de suicidio.

Entonces, ¿qué es lo que falla?

Como creemos que hablar de estos temas de manera adecuada ayuda a personas que están atravesando patologías o angustias supremas, poner la problemática en palabras es una de las medidas que puede prevenir y ayudar a que deje de ser un tabú.

Primero, queremos comentar que la mayoría de las personas ha tenido pensamientos suicidas en algún momento de su vida. Nadie, entonces, debería sentirte anormal por eso. Algunas personas buscan en las drogas, la bebida, en gastos, en apuestas, etc., un camino para librarse del dolor. Otras lo encuentran pensando en una salida extrema.

Volvemos a repetir la pregunta: ¿qué es lo que falla?

Nos atrevemos a decir que lo que falla es el sistema, y más precisamente el sistema de salud mental. No contienen a lxs patologizadxs y mucho menos a aquellxs que ni siquiera pueden acceder a un hospital o -menos aún- a una terapia paga. Y no los contiene porque el sujeto “enfermo” o que atraviesa una crisis, no recibe el tratamiento adecuado, no es considerado como lo que es, una persona que necesita ayuda. Y porque muchxs profesionales no se cuestionan los aprendizajes académicos, su lugar de poder, o simplemente se niegan a ponerse al mismo nivel que la otra persona. Algunxs, lamentablemente, lo son por una conveniencia económica y se olvidan de ayudar, muy posiblemente razón por la que eligieron su labor.

La imposibilidad de comunicar sin caer en banalizaciones suma también a la la deficiencia en la prevención. Por eso queremos compartir las palabras de Gianni Paris, una persona que atraviesa el sistema de salud mental hace tiempo y decidió realizar un fanzine para difundir la lucha de lxs patologizadxs y hablar en primera persona de qué se trata el arduo camino de encontrar la “salubridad”.

¿Cuántas veces te dijeron que “no pones voluntad”? ¿Cuántas veces te dijeron que “el que quiere puede” y que el trabajo “dignifica”? ¿Cuántas veces te etiquetaron sutilmente de inútil en algún trabajo?

Todavía hablar de suicido en la sobremesa o en una charla trivial es un tabú, incomoda, se debate entre quiénes sentencian: “Fulanito se suicidio porque es un cagon” o “Hay que tener huevos para suicidarse”. (…) Asignarle adjetivos calificativos de fortaleza o debilidad al acto de suicidarse o autodestruirse es estar de la vereda de enfrente, es estar del bando de la moral que se cree licenciada en casi todo.

Poder hablar de la muerte, como se habla de cualquier cosa de la vida cotidiana, debería ser descontracturado, quitarle la brea de prejuicios, desamarrarlo de asociaciones negativas. Nosotrxs construimos en torno a la muerte una discursividad del horror.

Que no se mal interprete, que no estoy haciendo apología del suicidio, que no quiero que suene a romantizar, mucho menos banalizar, digo problematizar, digo hacerse preguntas.

Pareciera que tener tareas, trabajo, ocupaciones full time, atiborrarse de entretenimientos nos alejara de la muerte. Nos quieren adaptados y productivos para el señor Capital.

Están lxs de la buena moral, que te propinan discursos edulcorados sobre la vida, que te proponen hacer ejercicio y tomar té de tilo. Están lxs dictadores de la buena moral, que te exigen existir. De los dos, ambos manejan el mismo nivel de hipocresía. Ellxs no buscarán la medicación para vos cuando no puedas salir a la calle, no te visitarán al loquero para llevarte ropa limpia. Por eso siempre recito, si no pueden o no quieren acompañarnos, retirense y no molesten. Tampoco queremos compasión, no somos fuente de caridad.

Que lxs reyes del buen juicio googleen CUERDISMO Y CAPACITISMO.

Pueden seguir a Gianni Paris en su cuenta de Instagram @resistencia.loca y pedirle el fanzine a un módico precio de $50.



Mitos sobre el suicidio

Quienes hablan de suicidio no tienen la intención de cometerlo. En la mayor parte de los casos la persona afectada lo comunica de diferentes maneras, ya sea verbal o con sus acciones, tales como amenazas, cambios de conducta o gestos. Pueden estar pidiendo ayuda o apoyo. 8 de cada 10 personas que cuentan sus intenciones de suicidio, lo cometen.

El suicida está decidido a morir. Por el contrario, los suicidas suelen ser ambivalentes acerca de la vida o la muerte. El acceso al apoyo emocional en el momento propicio puede prevenir el suicidio.

Quien haya sido suicida alguna vez, nunca dejará de serlo.  El mayor riesgo de suicidio suele ser de corto plazo y específico según la situación. Aunque los pensamientos suicidas pueden regresar, no son permanentes, y quien haya tenido pensamientos e intentos suicidas puede llevar después una larga vida.

Las personas que se suicidan son egoístas o valientes. No son ninguna de estas dos opciones, sino que están vinculadas a un alto grado de sufrimiento.

“Echarle ganas y salir adelante”. Esta frase tan común no es una respuesta a los pensamientos suicidas, pues quienes tienen este sufrimiento emocional no es voluntario. No es suficiente tener ganas de salir adelante, se necesita ayuda profesional.

Solo las personas con trastornos mentales son suicidas. El comportamiento suicida indica una infelicidad profunda, pero no necesariamente un trastorno mental. Muchas personas que viven con trastornos mentales no son afectadas por el comportamiento suicida, y no todas las personas que se quitan la vida tienen un trastorno mental.

Hablar del suicidio puede alentar a hacerlo. Dado el estigma generalizado alrededor del suicidio, la mayoría de las personas que contemplan el suicidio no saben con quién hablar. Sin embargo, está demostrado que hablar sobre el suicidio con alguien en riesgo reduce el peligro de cometerlo y puede ser la única posibilidad que ofrezca el sujeto para el análisis de sus propósitos autodestructivos. Hablar abiertamente puede dar otras opciones o tiempo para reflexionar sobre su decisión.


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