Entrega XVII Diario de la Pandemia (Cuarta Fase)

Por Efraín Bucler

Día 64 – Lunes 18 de mayo

Día de repercusiones o “rebote” de la noticia en los medios. La radio que repite el audio de aquel video donde Ramona denunciaba la falta de agua en la Villa 31. El Gobierno de la Ciudad tira a la cancha una joven funcionaria para explicar lo inexplicable y el gobierno nacional, en una siniestra y trágica paradoja, simplemente se lava las manos.

Lejos de todo esto, llego al trabajo y me sorprende un listado de quince trabajos pedidos, más los que tenemos pendientes de la semana pasada que están resaltados con una línea flúo y un número al margen derecho de cada renglón: 1, 2, 3, 4… Son ocho las prioridades. “Parece que el sistema de salud va a colapsar nomas”, me dice Adrián mientras junta los elementos de su mesa de trabajo para acomodarlos en la caja de herramientas para ir al Hospital Fernández. “Mira que ahí entro yo solo, eh. Vos esperás en la camioneta porque sos muy morocho para el Fernández”, le digo en forma de broma.

Pienso en verdad que la sociedad con el tiempo se ha vuelto más racista y xenófoba. Micro machismo y micro xenofobia que avanzan hasta que un asesinato demuestra las consecuencias de este pensamiento y todas las personas se vuelven tolerantes por unas semanas. Hasta que lentamente vuelve a subir la curva de discriminación. Antes de subir en la camioneta rumbo al hospital, le digo a Adrián que se siente adelante y le paso los repuestos y remitos del aparato que reparamos: “que te agradezcan a vos, que sepan que dependen de nosotros, de los negros”.

Escucho: “Don’t let the man get you down” de Fatboy Slim.

Día 65 – Martes 19 de mayo

Descanso de martes y el cuerpo lo sabe, pienso mientras se me escapa una sonrisa, porque me despierto cerca del mediodía. Miro para afuera y el patio está un poco mojado por la lluvia de la madrugada y las perras duermen en su cucha. También descanso de viajar a capital y los cuidados en el trabajo: cada uno con su lapicera, nada de estrechar las manos ni de compartir el mate.

En casa todo es diferente, el mate es un aliciente compartido y los abrazos vienen y van. Abro un libro que tenía pendiente antes de la cuarentena y que pensé iba a terminar durante la primera fase (aunque sólo después supe que ésa era la primera de las fases). Y sin embargo ahí está, con sus doscientas setenta y seis páginas esperando a ser leídas e interpretadas. Paramos las actividades para un almuerzo un poco tardío y más tarde la lluvia me convence de seguir adentro y leyendo. Otro día recuperado.

Escucho: “El remanso” de Adrián C. Paoletti/cover por Ex Colorado.

Día 66 – Miércoles 20 de mayo

Otra vez descanso y otra vez me levanto cerca del mediodía. Las compras ya están hechas, así que por más que el día esté despejado y el sol se meta entre las ramas del árbol del vecino, vuelvo a la cama. Prendo la tele y los noticieros hablan de la nueva normalidad que se vive en Italia. Se ve un grupo de personas sentadas en un bar, otro tanto en una plaza. En los locales de los shoppings los empleados preparan las  vidrieras a la espera de sus clientes.

“Una realidad muy lejana y poco creíble pero que sin embargo nos da esperanza en algún punto”, dice el conductor. Y de inmediato conecta con un móvil donde está el Ministro de Seguridad de la provincia de Buenos Aires. Dice que busca que acomoden los controles a las necesidades de la gente y dice muchas cosas, pero en realidad, lo que busca ese ministro es fama, pienso. Se muere por la fama.

Escucho: “BB Moda” de Bam Bam estas muerto.

Día 67 – Jueves 21 de mayo

Vuelta al trabajo, vuelta a Capital. El auto queda en casa porque no quiere arrancar, seguro hoy llego tarde. Cuando subo al mico aviso a mis compañeros de trabajo al grupo de WhatsApp. La falta de controles en la autopista me permite llegar solo veinte minutos después de mi horario de entrada. Suspendo el desayuno para trabajar a la par de Jorgito que está apurado porque los dos aparatos de rayos del Hospital Santojanni están sin funcionar y tenemos una placa de repuesto para poner a punto y llevarla. Es una tarea difícil pero Jorgito siempre se las arregla para salir triunfante. Lo veo trabajar tan metódico, dejando en un paño amarillo los tornillos, en otro las perillas, sacando con cuidado cables y conectores. Saca el soldador de su caja de herramientas y cual cirujano extirpa un pequeño potenciómetro azul. Luego suelda otro color negro y me hace señas con la mano para que cierre el gabinete. Terminó su operación. Paramos para tomar un café y enseguida lo veo salir de la cocina rumbo a la playa de estacionamiento.

Trae una especie de fuente redonda y brillante, como de metal, pero en realidad es de plástico. “Ésta la trajimos del Ramos Mejía hace como dos meses. Estaba tirada pero sabía que nos iba a servir”, me dice desde la ventana. Y con otra seña me invita a probar si la tapa cabe en el comando que está poniendo a punto. Veo su figura al entrar por el portón con el sol de fondo. La tapa plateada y redonda en su mano derecha cual escudo y me hace acordar a un video que circula bastante en los canales de música. “Parecés un súper héroe”, le digo. Y me contesta que agarre un destornillador de la caja.

Escucho: “Up all Night” de Beck.

Día 68 – Viernes 22 de mayo

Llovizna desde la madrugada y, como dicen los pronosticadores “la visibilidad está reducida y la calzada resbaladiza”. Aprovecho que el auto arranca al fin y voy más tranquilo escuchando noticias, aunque suena paradójico, siento la necesidad de estar informado. Hay una teoría que escuché a unos amigos que preparan su propia página de noticias que hablan todo el tiempo de la Infodemia, ese fenómeno que, parece, nos está afectando a todos. Me río cuando le dije a uno que pensé que infodemia era un canal de YouTube de hinchas de Racing.

Pienso que por ahí también me atacó la infodemia y ya no voy a poder dejar de consumir todo tipo de noticias sobre la pandemia. Algo totalmente inútil en una situación así porque si hay algo perecedero es la información minuto a minuto: los casos de un día ya no importan al otro, y los anuncios, se suceden sin tener lógica más allá de cubrir un espacio de poder que los gobernantes pueden perder en cualquier momento. Entonces, pienso, asustan a la población y ese susto los hace esenciales. Y apago la radio para poner otra de mis “Playlists para viajar a Capital”, nombré que le puse a la carpeta cuando la cargué de una buena dosis de aliciente musical.

Escucho: “Enjoy the Silence” de Depeche Mode.

Día 69 – Sábado 23 de mayo

Nos despertamos temprano y ponemos un poco de música mientras preparamos el desayuno. De pronto, las redes estallan con un tema preocupante: Villa Azul.

Prendo la tele y veo que han sitiado un barrio que está entre Avellaneda y Quilmes. Lo cerraron con vallas y el único acceso y salida es un control policial y sanitario. Los movileros hacen su trabajo en el Barrio entre el asombro y el entusiasmo. Es decir, del lado de fuera, con unas vallas blancas y un cordón de infantería de la policía provincial detrás de ellos. Aparece ahí delante de la prensa la intendenta de Quilmes que desde que asumió no hace más que meter el ejército en los barrios. También llega al lugar el intendente de Avellaneda. Todos con tapabocas y tono de voz sobria. Por último, el turno es el turno del actor principal, el Ministro de Seguridad de la provincia. 

Por twitter nos enteramos que detrás de escena también hay una mesa con sándwiches de miga, masas, jugo, café, agua mineral y servilletas de papel. Adentro, en el barrio, solo hay gente con incertidumbre y hambre.

Escucho: “El mañana” de Gorillaz.

Día 70 – Domingo 24 de mayo

La clave de todo parece estar en un asentamiento llamado Villa Azul. Los Derechos Humanos, el Gueto de Varsovia y la salud pública se mezclan en un solo bloque de televisión. Panelistas que intentan vincular los pocos laburantes contagiados con el origen de la pandemia. Incluso llegan a indagarse por la posibilidad de cerrar los barrios privados, que por definición ya están cerrados.

Si hay un brote en un country o edificio lo van a cerrar, que una medida de esa índole no tiene que ver con la condición socioeconómica de los habitantes de la Villa Azul, etc. etc. La televisión, en definitiva, muestra una realidad donde de pronto las autoridades pueden encerrar a una población. Una realidad pseudodistópica de vallas blancas y escopetas para evitar que una simple persona camine dos cuadras a comprar pan. Y a quién le importa que esté un sol enorme ahí arriba, pienso, si lo que está en juego no es cambiar la realidad de esas personas desclasadas.

Escucho: “Atlántida” de Loquero.

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