Entrega XIX Diario de la Pandemia

Por Efraín Bucler

Día 78 – Lunes 1 de junio

No hay Bono de Salud para nosotros y la comunicación oficial que nos muestra el Jefe de Personal tiene fecha de una semana atrás. El director Casan sabía y demoró la noticia quién sabe para qué. “Hay que prepararse para la bronca de los compañeros”, dice el Viejo. Yo contesto que también tengo bronca pero hay que seguir igual, que con los dos días de descanso compensamos eso y más también. Pero la verdad es que por dentro quiero mandar todo al carajo.

Pero bueno, seguir adelante no quiere decir seguir con esta inercia de silencio servil que proponen los gobiernos y los sindicatos. Les digo que no es una cuestión de plata sino que somos esenciales y de salud, y que sin Bono es como si nos ningunearan. Pero a ninguno de los cinco se nos ocurre qué hacer más allá de la bronca. Hacemos una reunión con los compañeros del piso y a nadie se le ocurre hacer otra cosa más que una nota pidiendo que se considere nuestra situación. Pienso que ya nos tienen domesticados. Las clases dominantes han encontrado en la pandemia la herramienta ideal para llevar adelante sus aspiraciones. No se trata de buscar la adaptación, como dice el Viejo, para entender lo que está pasando hay que ver cómo es el sistema a partir de las consecuencias y las propias fallas.

Escucho: “Fallas” de Todos Tus Muertos.

Día 79 – Martes 2 de junio

Quedarme en casa después del garrón de ayer es un poco una recompensa, aunque por WhatsApp los delegados me cuentan que el trabajo es un hervidero. Parecido a otros lugares donde a pesar de trabajar toda la cuarentena no tienen Bono.

Pienso que este trabajo no va a dar para mucho más. Y sin la posibilidad de los trabajos extras en las clínicas no queda otra que buscar en los viejos oficios para tener el mango necesario. Hago unos carteles que publico en mis redes e imprimo algunos para pegar en los negocios del barrio. Mi compañera me abraza mientras estoy frente a la computadora. Me consuela, me dice que esto va a pasar y que si hay que ajustar se ajusta y listo… Pero que no hace falta que me esfuerce y que descanse esos dos días más. 

No creo lo mismo pero me convence porque si no me voy a salvar económicamente no tiene sentido esforzarse por un trabajo, si después hay que seguir trabajando. Guardo las impresiones en un sobre de papel madera que dejó sobre la mesa y corro a poner la pava para mates. La casa y la familia otra vez me rescatan.

Escucho: “Los condenaditos” de Los Fabulosos Cadillacs.

Día 80 – Miércoles 3 de junio

Segundo día de descanso en casa y nada me apura. Tomo mates desde la media mañana mientras hago zapping en los canales de noticias. Es complicado tener que estar en esta situación que nunca imaginamos: una guerra contra un enemigo que nos obliga a estar encerrados pero sin armas ni bombardeos ni invasiones.

Todas las distopías hablan de pueblos sanos dentro de regiones infectadas, líderes mesiánicos llevando pueblos a la guerra contra otros pueblos, éxodos constantes. Pero nada decía nuestra imaginación que el mundo iba a quedarse dentro de sus casas durante dos, tres meses. La economía mundial paralizada por continentes y hemisferios enteros. Y el silencio, tan buscado por muchos, se transforma en la espera de lo peor. Pienso otra vez, repaso algunos libros y películas y no puedo recordar antecedentes a esta situación. Y me vuelve a parecer increíble estar aquí y así.

Escucho: “Stranger than fiction” de Bad Religion.

Día 81 – Jueves 4 de junio

Mucha niebla en la autopista y mi viejo auto que empieza a fallar antes del peaje de Hudson. Parece que el día va a estar complicado, pienso en voz alta. El de la cabina me dice que tengo que pagar y le muestro el folio con cinco hojas dentro y le explico que el Decreto de Actividades Esenciales dice que estoy exento de peajes. Llama a las oficinas que están a un lado de las cabinas. Se acerca un gendarme y me pregunta que pasa. No le contesto, sólo le señalo hacia las oficinas y le sugiero que pregunte a la empleada de Autopistas de Buenos Aires.

Espero y sigo esperando hasta que me dice que si quiero pasar tengo que pagar. Me niego y amenaza con multarme. Ya son tres los gendarmes y jugado por jugado, le digo que me haga la multa que después le paso el número de personas que no pudieron ser atendidas por el tiempo que pase retenido sin causa en una autopista que es de libre tránsito y que AUBASA sólo administra. Sí que está complicado el día, pienso.

En el trabajo nos enteramos off the record que nos han incluido en los sectores que cobran el Bono de Salud. No nos cambia la ecuación económica cinco mil pesos pero lo que está en juego es el reconocimiento por venir a trabajar durante la pandemia. Y eso tiene que estar, digo durante una charla con los otros delegados antes de salir para el hospital Rivadavia. 

En el hospital esperamos con el chofer en la camioneta porque los residentes de Cardiología están ocupados con el desayuno. Pero uno de ellos se rescata y me hace entrar a la sala donde está el aparato que reparar. Termino y me voy saludando cortante, para que se den cuenta de nuestro enojo.

Cuando vuelvo a mi sector de trabajo, me espera el rociador con agua y lavandina, la ducha, el lavarropas y todo lo referente al protocolo de bio seguridad. Que llamamos “Protocolo Bartolo”, porque fue hecho a las apuradas y luego mejorado con las consultas que fuimos haciendo a otros compañeros de los hospitales. Y porque ni las autoridades ni el sindicato participaron… No les interesó nunca, pienso.

El regreso a casa es contradictorio porque paso los peajes sin pagar y hasta me hace un saludo un policía de la Ciudad. Y pienso en la controversia del Bono de Salud y en los residentes del hospital y cómo puede ser que hasta un policía se dé cuenta de nuestro trabajo y nuestros propios compañeros y autoridades no.

Pero bueno, falta un día más y se viene el fin de semana. Eso, en algún punto y por alguna situación, me pone bien. Subo el volumen porque en el mp3 viene la canción que más me gusta de AmenSur.

Escucho: “Revolución inmanente” de AmenSur.

Día 82 – Viernes 5 de junio

Día nublado desde temprano. En el peaje de Hudson un gendarme para el micro y se sube apurado. Todos pensamos que pasa algo. Pero es que el chofer es su amigo y pasan unos minutos charlando y riendo. Se baja apurado también y seguimos rumbo a Capital Federal.

En el trabajo hay desazón porque corre el rumor que el famoso Bono de Salud finalmente no se cobra. Pedimos una reunión con el director Casan y nos explica que hay un cambio en el sistema de cargas de declaraciones juradas y que el mismo problema lo tienen el Hospital Fernández (que es el hospital modelo de la Ciudad) y muchas cosas más que dejo de escuchar porque ya cierra la idea que tenía de este trabajo.

Llego a casa justo cuando empieza llover. Doy por cerrada la semana laboral porque es viernes y porque esta tarde es el festival que organizan unos amigos a través de una red social. Ya pronto estoy en clima para escuchar a las bandas convertidas  en solistas con guitarra. Me acuerdo del último recital que fui y no puedo imaginarme cuando será el próximo. Así que nos sentamos frente al televisor conectado a no sé qué y vemos algo de música en vivo.  

Suena de inicio: “Out of mind” de Diiv.

Día 83 – Sábado 6 de junio

La lluvia y el frío hacen que todo en la casa descanse. Las perras, el gato, los humanos, los aparatos electrónicos y los celulares. Recién después del mediodía activamos un poco para comprar algunas cosas y acomodar la ropa de verano que ya queda para mejores épocas. 

Tal vez esa ropa la lleve puesta cuando la pandemia sea un mal recuerdo. O tal vez la OMS diga que hay estudios que aseguran la permanencia del virus en la ropa por seis u ocho meses y todas las bolsas con remeras, bermudas y polleras van a parar a una fogata. El fuego purificador, una vez más va a salvar las vidas y arruinar la economía, como esta pandemia manejada por tibios y oportunistas. 

Pero bueno, ya está hecha la tarea así que ahora a preparar algo de música y una buena comida para recibir las charlas con amigos. Lo perdido ya no se recupera y las bolsas con ropa usada tal vez sirvan de algo. O que en algún momento el sol pueda rehabilitarlas.

Escucho: “El día” de Sue Mon Mont.

Día 84  – Domingo 7 de junio

Todavía no hay sol. Ya es mediodía y desde el viernes estás nubes y el frío dejaron un paisaje repetido. Ese cielo plomizo que desubica, que puede ser las 9 de la mañana o las 4 de la tarde.

Siguen las mismas nubes. Y el noticiero anuncia que los runners se prepararán para salir a las calles porteñas. Hay emoción, parece el elogio a una actividad que contagia como diez veces más que viajar en colectivo. Viven en una nube, pienso, y cambio de canal. Los tipos esos se preparan para utilizar su mejor ropa deportiva y yo preparando algo para comer a la noche y descansar un par de horas más antes de enfrentar el viaje a Capital y adentrarme en sus hospitales. Lo pienso y me envuelve un sentimiento de bronca y no puedo dejar de renegar hasta que ella se acerca y me abraza.

Escucho: “Violencia” de El mató a un policía motorizado.

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