Reseñas - Discos El Hambre y el Consuelo – José Unidos (2021)

Atravesado por la pandemia y editado de manera independiente, se trata de un trabajo que impresiona por su luminosidad y ofrenda en épocas de poca fe e incertidumbre que se valora como un obsequio para atesorar en momentos de oscuridad

Por Carolina Figueredo

Jaque al Corazón es el nombre de la primera canción del nuevo y sorprendente disco de José Unidos pero bien podría ser el título de la reseña. Es que se trata de un trabajo que impresiona por su luminosidad y ofrenda. Una ofrenda en esta época de poca fe e incertidumbre que se valora como un obsequio para atesorar en momentos de tinieblas. El Hambre y el Consuelo, así, grandilocuente, contradictoria y piadosa como la vida misma.

Lucas Colonna y compañía lo hacen de nuevo. Guitarras deudoras de Johnny Marr y algo de The Cure atraviesan el álbum de punta a punta, brillantes, exquisitas, así como también una reafirmación por los ritmos que coquetean con el rockabilly, si bien no pierden la ironía en las líricas aunque ahora se le agrega una cuota grande de esperanza. Quizás este sexto álbum sea el más resplandeciente de la trayectoria de José Unidos desde que comenzaron en 20012.

Con una lista que podría entrar en la categoría de “mejores nombres de canciones”, El Hambre y el Consuelo se posiciona como uno de los discos nacionales del año. “Azar, vino y religión atraviesan las historias-canciones en clave de gótico sureño”, proclaman con sus propias palabras. Podríamos decir que exploran con certeza ese género que se hizo conocido desde la literatura y en los últimos tiempos se extendió a un sub-género desde estas tierras de la mano de plumas como la de Mariana Enríquez.

Como dijimos, “Jaque al corazón” abre el LP. Un tema que invita a caminar por una mañana soleada en algún paraje del sur y dejarse deslumbrar con la naturaleza. Coros optimistas desde la sonoridad y la emoción que arroja junto al corazón en la mano. “4 Clavos” podría ubicarse en una lista junto a las composiciones de Viva Elástico; de hecho, la voz de Colonna suena bastante parecida aquí que a la de Ale Schuster. El tercer track, que da nombre a la placa, tiene ribetes épicos: no podría ser de otra manera. Un rockabilly que juega con los susurros del cantante y que bien podría pertenecer a la banda sonora de un film western de Tarantino. Sin embargo, aun así tiene un toque único y propio del estilo de los JU.

“Sé mi normalidad” sigue en la línea del anterior, con un ritmo ralentizado y puntos de espectacularidad. Más de siete minutos en los que se despliega una crítica al orden y la costumbre de la mano de la prosa. “Voy a pedir por mí/ voy a reír de lo que fui./ Oh, no te vayas normalidad/ vení dame felicidad”, canta en un tramo para después chocar guitarras en una psicodelia sonora que se aleja bastante de lo “normal”. “Los Salvos” remite a la redención a través de un final conmovedor, en medio de plegarias, azar en juegos de cartas y amores contrariados. Este dúo de canciones constituye uno de los puntos más altos del disco.

En “Plegarias Atendidas” un bajo pesado marca el ritmo sobre el que se suben riffs de guitarras acá y teclados allá. “No te vayas a encandilar/ porque para ver/ no siempre hay que mirar / En un espejo de ansiedad/ hay un mar quieto esperando tempestad”.

“There there” de Radiohead tiene su homenaje en “Los Actores Nunca Lloran”. Llega a climas estremecedores en varias partes de sus casi cinco minutos. “Le dije al miedo: andate, por favor/ Y me respondió: no soy nada sin vos”, desgarra la letra sin necesidad de desgarrar el canto. “El Obispo que creyó ser Dios” cierra de manera redonda y súbita un trabajo conceptual tanto sonora como líricamente, en el que los cuestionamientos al sujeto moderno y pandémico están a la orden del día.

Alejados en cierto sentido de su faceta más oscura y regodeo nocturno que nos presentaron en sus anteriores álbumes, principalmente la primera trilogía Administración (2013), Lampedusa (2015) y Azul y Gris (2016), este esfuerzo se asemeja más a 5 (2020) aunque sin la instrumentación orquestal que lo caracterizó. El refinamiento y la melancolía bien entendida continúan presentes, si bien metamorfoseados en crudeza por partes y dulzura optimista por otras.

Compuesto y arreglado por Lucas Colonna (voz, guitarras y teclados) y Matías Bollinger (bajos y teclados), más Tomás Molina Lera (batería), el álbum fue grabado, mezclado y masterizado por Hernán Agrasar. En este caso, la edición se realizó de manera independiente. El sur les sienta bien a JU, ya que grabaron en noviembre de 2020 en la estancia El Renuevo, Mallín Ahogado, en la Patagonia, al igual que el predecesor 5 y con resultados más que positivos en ambos casos. La pandemia hizo que la reflexividad que todxs atravesamos florecieran en José Unidos en forma de composiciones que conforman un relato de esta época.


Link a reseña de 5: https://lalinternanoticias.com/?p=1054

IG: https://www.instagram.com/joseunidos/?hl=es

Spotify: https://open.spotify.com/artist/0Uj5tzATCM79E0dsbn4IWV


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