Sólo espero que no me coman

Entre Fogwill y sus amigos, qué lejos estoy de un jefe copado. Hostigando el alias, me niego a cubrir un evento. Espero no me echen por esa osadía.

Por Rita Crass


El insoportable escritor de apellido inglés y oriundo de Quilmes dijo: “Todo el mundo escucha voces”. El problema -queridito Fogwill-, es cuando esa voz se vuelve una sola: la de mí jefe. Ojalá igual tuviera un jefe como Fogwill. Decían algo raro de él, que como jefe era malo, forro, alucinante, solidario y extraño. En su edificio de Galería Pacifico en Florida, de vidrios de cristal empañados, trabajaba en sus mentados “focus group” de mercado y asesoría. En esas había una oficina para “poetas”. No sólo trabajó con Perlongher si no con el poeta Lamborghini, Olvaldo no, sino Leónidas. En esa oficina de “poetas” él sólo asistía para relajarse. Le pagaba a Lamborghini sólo para escucharlo. Al final del día Fogwill sentenciaba:

“Es un inútil, por eso es el mejor poeta”. 

Mi jefe tiene sólo lo machirulo y retrógrado de Fogwill, pero no tiene su talento ni su fuerza espiritual. Mi jefe no para de darme lata. No voy a estar 24/7 juntando los arroces de su casamiento caprichezco. Jefe alias hostigador, repito para transferencia: jefealiashostigador. Así todo junto, de corrido, para quienes quieran depositarle una patada en el culo. ¡vamos! ¡Depositen!. 

El jefehotigador quería que vaya a las seis am al Mercado Central. ¡Está loco! ¿Que estos tipos ¿no coj*n?. Decidí no ir. No seguir el capricho. Espero no atente con mí empleo ni me echen. Estoy yendo a cronistear a una carnicería. Con un tal Colo. Es significativo, Colo y la sangre roja y la carne. Yo siendo vegetariana no me reconozco. En El Matadero, Esteban Echeverría hablaba acerca de la violencia y la violación. Hay que tener cuidado estando con hombres. Hay también una banda llamada Carne, a la cual estoy produciendo un videoclip, todo está en viento a favor. 

A su vez, es el barrio de la carne, en Mataderos. Arte, cultura, historia. Un barrio con propósito, aunque no me guste la carne. Es respetable que tenga propósito, valida el destino de todos los jóvenes que son de acá, orgulloses de laburar en la carnicería. Cortazar tiene un cuento, que para mí está entre uno de los mejores, Se llama El torito. Me parece que ahí se ve toda la destreza Arltiana. De lo mejor. De lo mejor.

Los dejo en pausa. Escuchen la banda Carne. Yo sólo espero.

Sólo espero que no me coman.


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