Reseñas - Películas Magallanes, una historia necesaria

Un evento del pasado, enigmático y oscuro, vuelve al presente de manera inesperada para Magallanes, quien recuerda las operaciones en una época tenebrosa de la historia del Perú. Sin embargo, a medida que se desenvuelve la historia vemos que ese acontecimiento lejano no había quedado olvidado para los protagonistas. Un film fuerte, de una narración intensa y emotiva, y unas actuaciones que van de menor a mayor en la ópera prima de Salvador del Solar.

Por Carolina Figueredo


Además de la clara división clasista, el mundo del dinero se puede diferenciar entre quienes lo tienen todo y no quieren dejar un centímetro del poder que emana de la riqueza, y quienes no tienen nada y están dispuestos a cualquier cosa con el objetivo de librarse de esa carencia que los recubre. Ese choque de motivos puede generar los más misteriosos sucesos. 

Basada en la novela La pasajera del escritor peruano Alonso Cueto, este film fue dirigido por el actor Salvador del Solar y estrenado en agosto de 2015. Se trata de una coproducción entre Perú, Colombia y Argentina. Las magias del streaming hacen que la tengamos a un click este verano en una de las plataformas de películas. 


Afiche de la película de 2015

Harvey Magallanes (interpretado por el mexicano Damián Alcázar) es un hombre de mediana edad que vive en una habitación de pensión y alquila el auto de un amigo (Milton, compuesto por Bruno Odar) para trabajarlo como taxi. No le va muy bien recorriendo las calles en busca de pasajeros. Por eso, tiene otro trabajo, quizás el principal por ser el que lo convoca todos los días: es chofer de un coronel retirado y en sillas de ruedas, a quien sirvió en el Ejército del Perú veinte años atrás en la lucha contra Sendero Luminoso.

El coronel (Federico Lupi) lo sigue tratando como su subordinado. Magallanes ahora lo lleva de paseo todos los mediodías, lo baja y lo sube a su silla de ruedas y le aguanta su mal humor y autoritarismo. El director del Solar acierta en unas pocas escenas cómo esta persona a su edad, y que a las claras ha perdido parte de sus facultades mentales, puede seguir queriendo ejercer el poder en los pocos que lo rodean.

“Querer ejercer”, decimos. Y es porque su influencia mermó desde que es un militar retirado e inválido. Su hijo, el exitoso abogado compuesto por Christian Meier, -conocido actor de telenovelas-, retrasa sus pagos a Magallanes por los servicios para su padre, a pesar de poseer un emporio dentro de la rama del derecho, de vivir en una gran mansión con servidumbre y de manejar autos de última gama. “Posee” el poder adquisitivo y los contactos necesarios de su clase, a la vez que entrega papel de diario en vez de billetes en un episodio de extorsión. 

Así las cosas, los ricos no regalan nada y los pobres no tienen oportunidades. Un día, Magallanes lleva en su taxi a una muchacha. El conductor se muestra perturbado, esconde su cara. La chica se baja en el centro de Lima, en una iglesia evangelista, a la vez que Magallanes la sigue y se ubica al fondo del templo. Así descubre que ella tiene un salón de belleza endeudado en las afueras de Lima y graves problemas económicos. 

Magallanes recuerda junto a Milton “la época de Ayacucho”, y nosotrxs como espectadores sólo tenemos partes de la historia. El coronel y sus subalternos pasaron poco más de un año en el operativo contra la organización Sendero Luminoso que los mantuvo alejados de la ciudad. Allí, en una redada, cayeron varios campesinos. Entre ellos, Celina (Magaly Solier), una jovencita de menos de quince años, a la que el coronel tomó para hacerla su mujer. 

Magallanes la ayudó a escapar luego de un año de cautiverio y nunca más volvieron a verse. Hasta ese día del viaje en taxi. Entonces, nos sorprendemos de la capacidad ilustrativa del taxista: en su pieza de pensión guardaba unos dibujos de la cara de Celina, entre otros de la operación que sucedió veinte años atrás. La cámara se detiene en una fotografía, en la que se encuentra el coronel, sentado en una silla, con una jovencísima y desnuda Celina sobre sus piernas. 

Esa fotografía se convertirá en el elemento principal para una extorsión que Magallanes pergeña contra el coronel y su hijo, exigiendo una alta suma de dinero para que no se publiquen las pruebas que implicaría un abuso del militar a una menor de edad. Escándalo y disminución de las arcas es lo que menos quieren los millonarios. 



En los primeros planos, el hecho de que “nunca te sale nada bien” -como le dice su hermana luego de la primera extorsión pagada con papel diario-, su sumisión y sus intentos por salir de la situación económica que lo aqueja genera una empatía con el protagonista. No queremos que le pase nada malo, si es posible que triunfe y se llene de plata. Que, en una palabra, tenga revancha.

Pero lo que vamos a comenzar a ver es una historia paralela, la de sus sentimientos para con Celina. Unos sentimientos que fueron ocultos en su momento y que regresan con fuerza en la actualidad que nos presenta la narración. Esa pasión reprimida será la fuerza que destape los hechos como un torrente imparable. 

El largometraje ahonda en las largas noches que vivió la sociedad peruana que, en definitiva, es un reflejo de los desgarros vividos en el resto de Latinoamérica. Y cuenta, paralelamente, como los ricos no querrán perder ni un billete, mientras que los pobres demuestran más arrojo para convertir esa revancha en realidad. Y destaca la dignidad de una mujer vejada cuando chica que no acepta la presencia en la actualidad de aquellos que tanto daño le hicieron. Algo inconcluso quedó para Magallanes, mientras que Celina lo vive como un pasado al que no quiere regresar más.


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