Primera Parte Suffer de Bad Religion: un disco determinante

Un repaso por un álbum fundamental a más de treinta años de su edición. Cómo influyó en ese momento a la audiencia y a las bandas del género y no tanto y cómo continúa influyendo a través del tiempo.

Por Javier Becerra


Dijo Dexter Holland (cantante de The Offspring): “Solíamos salir con los muchachos de Operaration Ivi que luego se convertirían en Rancid. Escuchábamos mucho ese disco. Se destacaba porque tenía mucha melodía”. Dijo Tom Amstrong (Rancid): “Fue el disco punk con el mejor sonido que jamás había escuchado”. Dijo Fletcher Dragge (Pennywise): “Suffer reinició el movimiento Punk sin ayuda de nadie. Definitivamente es uno de los mejores discos jamás escritos. Sin mencionar que les impuso a muchas bandas volver a la escena”. Dijo Lars Frederiksen (Rancid): “Suffer salió y nunca dejó de sonar en el tocadiscos durante todo el verano”. Dijo Dave Smalley (Down By Law): “Uno de mis grupos favoritos hasta el día de hoy es Chicago, tienen hermosas melodías. Suffer tenía mejores melodías que Chicago y eran una banda punk”. Dijo Jim Lindberg (Pennywise): “De repente todos dejamos la excentricidad para intentar ser como Bad Religion”. Dijo Fat Mike (NOFX): “recuerdo haber pensado que era el punk rock que me encantaba ¡Hardcore punk melódico de California! ¡Deberíamos tocar así!”

Esta serie de citas pertenecientes a la Historia Oral de Epitaph Records recoge comentarios de un público que podríamos llamar “calificado”. Todos ellos reivindican la trascendencia del álbum Suffer de Bad Religion,que fue lanzado el 8 de septiembre de 1988. Es el tercer álbum de Bad Religion y es un álbum determinante para la propia banda como para la historia del Punk. Por el peso específico del disco, ambas cosas se entrecruzan. ¿Pero qué aspectos le dan ese carácter de determinante? Veamos.

Bad Religion ya tenía dos álbumes antes de Suffer, pero eran absolutamente distintos a lo que se conoció luego y que podríamos definir cómo lo más distintivo en la tradición de la banda. Su primer álbum, How Could Hell Be Any Worse de 1982, aunque fue un sólido debut, no representaba ninguna novedad en relación al Hardcore punk ya existente. No lograba innovar. Bandas como Black Flag o Dead Kennedys eran las que marcaban la tendencia, y Bad Religion aparecía solo como una banda más del montón. El disco, aunque no es algo absolutamente ajeno a la tradición musical y filosófica de Bad Religion, sí resulta hoy en día algo muy distinto.

El segundo álbum de Bad Religion, Into The Unknow de 1983, resultó un experimento que culminó con la primera etapa de su historia. Un viraje demasiado fuerte para lo que se podía esperar: un disco de rock progresivo tocado por músicos amateurs y con el presupuesto de una banda independiente de Hardcore Punk (para cuando Ramones sacó su primer álbum por solo 6 mil dólares, un buen álbum de rock progresivo costaba unos 160 mil de producción). El álbum no solo no es un disco de punk, sino que tampoco fue un disco que realizara algún tipo de aporte al rock progresivo… Toda esta experiencia culminó finalmente en una crisis dentro del propio grupo que devino en su diáspora y el rechazo del público que los seguía entonces.

Debieron pasar unos cuantos años para el regreso de Bad Religion, que para 1988 era considerada una banda muerta. Las cosas habían cambiado demasiado. La reconfiguración social de California, con sus desalojos y desplazamientos de sectores obreros de las grandes ciudades hacia la periferia, se había completado y del viejo activismo anti-derechista quedaba poco y nada. Las bandas del llamado “punk riot” habían prácticamente desaparecido. Las cargas contra republicanos y demócratas, de aquellas bandas más confrontativas y directas, habían quedado atrás luego de que la avanzada “reaganista” impusiera un giro conservador en la sociedad norteamericana. Ya muchos creían que el punk era algo del pasado en épocas de del “Rey del Pop”, que era la nueva hegemonía cultural y musical. El regreso de Bad Religion se encontrará con una nueva generación de adolescentes que habían recorrido su infancia ya bajo el sol del “nuevo sueño americano” del gobierno de Ronald Reagan y su nuevo prototipo de jóvenes “triunfadores”. Sin embargo, algo se estaba moviendo.


Varios centenares de chicos comenzaron a concurrir a los shows de la banda que se venía reorganizando. Esto llevó a Greg Graffin a llamar a su ex compañero y fundador de Bad Religion Bret Gurewitz que venía de un proceso de recuperación de drogas y de dedicarse seriamente al estudio de los procesos de producción y grabación. “Algo está pasando. Los chicos se están volviendo locos. Tenés que venir a tocar con nosotros”. Greg había reunido nuevamente a la banda en 1986 con Greg Hetson de Circle Jerks en reemplazo de Gurewitz. Bret, luego de ser convencido, regresó y se sumó con su guitarra a la de Hetson, quien también quedó definitivamente en el grupo haciendo de esto una primera novedad: Bad Religion tendría dos guitarras.

Cuando la banda comenzó a trabajar en su nuevo proyecto, no solo ellos estaban considerados muertos. Todo el punk había pasado prácticamente a la clandestinidad. Solo el sello SST se mantenía en pie junto a bandas como Minutemen, Hüsker Du o Sonic Youth. Se planteaba entonces el doble desafío de hacer del sello Epitaph el hogar de una nueva generación punk.

¿Pero que tenía a esta altura la banda para contribuir a un movimiento que parecía ya haber inventado todo? Es aquí donde aparecen los elementos que harán determinante a Suffer tanto para Bad Religion como para el hardcore punk. La agrupación, además de mantener la velocidad típica del punk de la Costa Oeste, introdujo melodías nunca antes escuchadas, muchas de las cuales provenían de la influencia del folk (algo que quedó definitivamente confirmado cundo muchos años después la banda comenzó hacer circular versiones acústicas de sus temas, y con los discos solistas de Greg Graffin dedicados exclusivamente al folclore norteamericano), armonías vocales provenientes de coros que serán otra marca registrada del grupo, y un nuevo estilo de letras mucho más refinadas y -si se quiere- elevadas por sobre lo que el punk venía produciendo históricamente. Bad Religion presentó también un discurso político menos directo y más sutil además de referencias permanentes a la literatura y a la ciencia, combinadas con cierta introspección y existencialismo de los temas abordados. Ni Gurewitz ni Graffin (principales compositores) estaban decididos a marcar el paso en el mismo lugar. El propio Greg Graffin manifestó que pretendía sumar a sus canciones todos los aportes obtenidos en su carrera científica. Con Suffer debuta el extraño fenómeno para los fans de tener que acudir al diccionario para resignificar ciertas canciones. El bajista Jey Bentley recordaba en un especial realizado bajo la pandemia de Covid sobre las cuatro décadas de existencia de la banda, que más de una vez debió leer un libro para terminar de comprender sobre que hablaban Greg y Bret en sus letras.

La tradición en materia de composición de canciones de Bad Religion dice que siempre se ha apoyado en el uso de guitarras acústicas y pianos. En buena medida, esa tradición comenzó cuando Bret acudió en visita de Greg al cuarto que este ocupaba en la UCLA donde aún era estudiante junto a su novia Greta. En aquella jornada, sobre la base de escuchar y re escuchar el tema de Neil Young “Cowgirl in the sand” de 1969, comenzaron a definir el concepto musical general del nuevo y disruptivo disco. De aquella primera jornada salió nada menos que el tema que da nombre al álbum.


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